Por Josefina García
Cuando pensamos, pasemos o pateamos por la ciudad, sus calles, sus parques, sus plazas, podemos ver lo pintorescas que son o lo deterioradas que están; podemos sentirlas acogedoras o peligrosas; podemos apreciar el paisaje que conforman o despreciar la estética que nos ofrecen. Pero también podemos elegir NO ver lo que se presenta frente a nuestras narices, NO sentir el desamparo que perpetúa o asimilar dentro del paisaje lo que no es (ni debería ser) natural.
Las calles están llenas de asfalto, pozos, viviendas y locales. Están llenas de transeúntes, turistas, comerciantes, estudiantes. Y también están llenas de otras personas que pasan desapercibidas. Quizás porque sea molesto y antiestético tener a alguien durmiendo en la ochava, porque haya que ser precavido con el trato hacia los cuidacoches y porque resulte incómodo mirar a los ojos a alguien que pide limosna o que simplemente está sentadx sobre la vereda sin muchas alternativas a donde ir.
Las calles están repletas de estigmatización, indiferencia y desconfianza que se retroalimentan con la deshumanización que generan. No hay nada más humano que un saludo, una mirada de comprensión o una pregunta sencilla a alguien que se encuentra en un estado de vulnerabilidad. Entonces, ¿qué nos frena a tener una actitud semejante al cruzarnos a diario con una persona que se encuentra en situación de calle? No es necesario llegar al punto de ver morir a un ser humano en la intemperie (como ha sucedido el pasado 7 de junio en Rosario con Abel Gómez, quien no es la primera víctima de este tipo de desamparo), para tomarse un minuto y reflexionar sobre la ciudad que queremos y la monstruosidad que creamos.
En la realidad penetrantemente individualista a la que asistimos, el punto de partida para cortar este vicio consiste en combatir la invisibilización de esta situación para dejar de sostener y reproducir las injusticias y desigualdades que están a flor de piel. Es esencial tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor, levantar la vista y tenderle la mano a quien tengamos enfrente. Luego de ese primer paso, hay cientos de alternativas para proseguir en la lucha hacia el cumplimiento de los derechos de todxs. Por supuesto, esto da lugar al debate que debemos instalar para discutir estrategias concretas más allá de las acciones individuales.
En Rosario son varias las organizaciones que abordan la problemática de situación de calle desde distintas aristas. Además de las tareas que realiza cada asociación, muchas se unieron en el Colectivo de organizaciones “situación de calle” Rosario*, desde donde se propone construir de forma colaborativa y generar estrategias que impliquen a la sociedad civil y al sector público para tratar este tema. Mediante el hashtag #LaCalleNoEsUnLugarParaVivir, se pretende extender una preocupación urbana que es solo la punta de una cuestión de gran complejidad y que requiere de mucha atención por parte de la ciudadanía y el Estado.
*El Colectivo está abierto a que se sumen distintas organizaciones que trabajen la problemática de situación de calle. A su vez, las organizaciones que la conforman continuamente buscan voluntarios y reciben donaciones de diversa índole. Para obtener más información, se puede visitar la página de Facebook e Instagram.
Josefina García es traductora de inglés y estudiante avanzada en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR. Desde 2012 es voluntaria en el Refugio Sol de Noche y participa desde sus comienzos en el Colectivo de organizaciones de «situación de calle» Rosario.


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