Las flâneuses: Mujeres, caminar y arte

Foto de @books_and_walks

El libro Flâneuse. Una paseante en París, Nueva York, Tokio, Venecia y Londres de Lauren Elkin marcó un hito en mi historia como lectora. Antes de que cayera en mis manos, buscaba algo en los libros que comenzaba y abandonaba sin saber qué era. A partir de Flâneuse esto cambió.

El ensayo de Elkin reivindica el concepto de la flâneuse ante la inexistencia de un término femenino del flâneur. Este era el caminante urbano que vagaba experimentando y descubriendo la ciudad, muchas veces plasmando estas experiencias en la literatura y el arte. La imagen del flâneur surge en el siglo XIX, cuando caminar en las calles de las ciudades comienza a ser menos peligroso y sucio en comparación con tiempos anteriores. En esta época, el gusto por el caminar como acto cultural ya se había desarrollado (desde caminar como medio para pensar, al caminar como gusto y disfrute de la naturaleza), y nace el placer de hacerlo en las ciudades, sobre todo en una en particular: París.

Lauren Elkin se pregunta no solo por la inexistencia del término en su versión femenina, sino también cuál fue la experiencia de las mujeres en la ciudad y en particular, en la relación entre el caminar y el arte.

Si bien durante el siglo XIX las mujeres de clase media y baja estaban presentes en las calles al salir a trabajar como dependientas de tiendas, empleadas domésticas, costureras o lavanderas, las mujeres de clase alta se exponían a la vergüenza si salían solas. Todas ellas, además, corrían el riesgo de ser consideradas prostitutas al caminar por las calles, pudiendo ser sometidas a las penas que este grupo de mujeres sufría. Las prostitutas contaban con ciertas libertades en el espacio público pero estaban  limitadas por duras regulaciones y penas.

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Como sostiene Rebecca Solnit, autora de Wanderlust. Una historia del caminar, uno de los libros que llegaron a mis manos a partir de Flâneuse, para una mujer era imposible ser una figura pública y respetada a la vez.

Para la autora, esto explica que los libros sobre el caminar fueran escritos en esta época mayoritariamente por hombres.

Digo caballeros porque todos los escritores sobre el caminar parecen ser miembros del mismo club, no un club de caminantes real, sino una especie de club cuyos miembros poseen experiencias comunes (…) Todos ellos suelen ser privilegiados y siempre son hombres (…) con esposas más que esposos que dejar.

Ambas escritoras coinciden en señalar que, hacia finales del siglo XIX, la presencia de las mujeres de distintas clases sociales en las calles fue aumentando. Un fenómeno que permitió este cambio fue la aparición de las grandes tiendas en ciudades como París, Londres y Nueva York, contribuyendo a normalizar la aparición de las mujeres en el espacio público cuando salían a hacer compras.

Con estos cambios, profundizados por la llegada del siglo XX, las guerras mundiales y las luchas feministas como el sufragismo, cada vez serán más las mujeres que no solo caminan en las calles sino que utilizan sus experiencias urbanas para la creación de arte. Tanto Elkin como Solnit mencionan en sus libros ejemplos de mujeres que escribieron y crearon en base al caminar. Estos registros artísticos dan cuenta de sus visiones distintas de la de los hombres, consideradas históricamente como universales.

A través de nombres como George Sand, Jean Rhys y Virginia Woolf, nos descubren un mundo de literatura y arte que construye la historia de la mujer que camina. Y así es como Flâneuse ha cambiado mis días y noches de lectura, dando inicio a una lista interminable de mujeres que escribieron sobre sus experiencias en el espacio público.

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