Jan Gehl es un arquitecto y urbanista danés cuya obra y trabajo se ha orientado a mejorar la calidad de vida en las ciudades a partir de poner el foco en la escala humana y de fomentar que las personas sean peatones y ciclistas.
En esta entrada, queremos compartir algunos apuntes de su libro “Ciudades para la gente”.
Escala humana
En su libro, Gehl enfatiza la necesidad de tener en cuenta la escala humana a la hora de planear las ciudades. Esta escala es la que se vive al caminar, lentamente y no con la rapidez de los automóviles, percibiendo el entorno cercano, como por ejemplo, las plantas bajas de los edificios.
Poniendo la prioridad en esta y en las necesidades de la población que vive en las ciudades, se puede lograr espacios más habitables con una mejor experiencia urbana.
Para Gehl, el objetivo es lograr ciudades vitales, seguras, sostenibles y sanas.
Ciudades vitales
Una ciudad es vital si en ella hay gente en las calles y en los espacios públicos. Para que la gente esté en estos lugares tiene que haber espacios atractivos y variados por los que sea posible el tránsito peatonal, que presenten oportunidades para el encuentro y que ofrezcan actividades y propuestas culturales.
“La ciudad vital es una ciudad que invita a ser recorrida.”
A la hora de pensar en la vitalidad, Gehl advierte que es necesario no limitarse a tener en cuenta la cantidad de personas, es decir, la densidad.
“La ciudad vital es un concepto relativo (…) No se trata del número de habitantes ni de multitudes ni del tamaño de una ciudad. Más bien, un espacio se convierte en significativo cuando es popular y capaz de atraer gente hacia él.”
Que haya gente no es lo único importante sino también cuánto tiempo estas personas permanecen en el espacio público: el tiempo de permanencia.
“El nivel de actividad, por lo tanto, es producto de la cantidad y del tiempo de permanencia.”
Es por esto que Gehl ve importante fomentar las actividades de permanencia, incidiendo en la calidad de la experiencia. Para esto debe tenerse en cuenta, por un lado, que el entorno ofrezca interés para que las personas quieran estar allí, y por el otro, que los peatones puedan detenerse y encontrar donde sentarse, que los asientos sean cómodos, y que permitan el encuentro y la conversación.
Los bancos son mobiliarios fundamentales. Permiten el descanso, la realización de tareas de cuidado y el encuentro en el espacio urbano. La forma y la disposición de estos puede determinar su uso y la permanencia en ellos. Los bancos largos dificultan más la conversación que los bancos enfrentados. En algunos parques de Madrid, hay bancos enfrentados que rodean una mesa donde las personas hacen picnics, tienen reuniones o juegan al dominó. Gehl menciona las sillas movibles de París, que permiten que las personas puedan moverlas y distribuirlas según sus necesidades. Ante estos ejemplos, los bancos individuales que también se encuentran en algunas plazas y parques de Madrid, parecen contradecir la idea de que estos espacios sean un lugar de encuentro. Estos bancos individuales no permiten el diálogo, ni, casualmente, dormir sobre ellos.
Otro factor importante al considerar la vitalidad son los bordes de una ciudad, es decir, las plantas bajas de los edificios, “el lugar donde el interior y el exterior entran en contacto, donde la ciudad se encuentra con los edificios”. Para Gehl los bordes ejercen una influencia decisiva en la vida urbana y sostiene que hay un vínculo directo entre los bordes blandos y la vitalidad.
“De modo simple, podemos decir que las experiencias urbanas surgen a partir de dos extremos. Uno de ellos es el “borde blando”, donde se encuentran tiendas pegadas una a la par de la otra, con fachadas transparentes y ventanas grandes, que cuentan con una oferta cuantiosa y variada de productos. En este escenario hay mucho por ver y tocar, donde sobran las razones para pasear de forma lenta y detenerse a mirar. En el otro extremo encontramos el “borde duro”, que es la contracara del ejemplo anterior: las plantas sobre la vereda se encuentran cerradas y los peatones deben recorrer grandes distancias frente a muros ciegos, de frentes vidriados oscuros o mampostería. Se cuentan pocas puertas y hay pocas oportunidades para entrar en contacto con experiencias significativas, con lo cual no habría razón para caminar por esta zona salvo por una necesidad puntual.”
Los bordes son un factor que influyen en la percepción de seguridad en las calles.
Ciudades seguras
Una calle donde hay gran presencia de bordes duros, como por ejemplo edificios con plantas cerradas a la vereda o muros elevados y sin conexión con el exterior, aumenta la percepción de inseguridad al sentir que hay menos ojos en la calle y menos posibilidad de escucha si nos sucede algo en ella. La presencia de otros siempre es un buen indicador de que un lugar es considerado seguro y agradable.
Los “ojos en las calles” es un concepto que Jan Gehl cita de Jane Jacobs. Como vimos en los apuntes sobre “Muerte y vida de las grandes ciudades”, el que haya ventanas y balcones cercanos a la calle permite que en caso de sucedernos algo podamos gritar y que alguien nos escuche o vea desde allí.
A su vez, la vida en las plantas bajas, como por ejemplo la presencia de comercios, influye mucho en la vitalidad que la calle tiene y en consecuencia, en la seguridad de la misma.
En resumen, para Gehl algunos factores que forman un ambiente urbano inseguro son: calles sin actividad, edificios donde se desarrolla una sola función que a su vez están vacíos durante gran parte del día, fachadas oscuras, cerradas y sin vida, la presencia de caminos desiertos, vías peatonales subterráneas, rincones oscuros, entre otros.
Al hablar de ciudades seguras, Gehl también se refiere a la seguridad vial, un factor importantísimo que muchas veces olvidamos al hablar de la seguridad pero que nos afecta a todos y especialmente a algunos grupos de la población.
Los coches y las mayores comodidades que se les otorgan a estos para moverse en las ciudades son un factor que vuelve el caminar una actividad más dificultosa y complicada. Lo mismo le sucede a los ciclistas.
Temer a los coches o temer caerse en las veredas estrechas es una forma de inseguridad. Muchas personas mayores o personas con carritos o sillas de rueda tienen dificultades para transitar por las veredas angostas que además, como bien sostiene Gehl, empiezan a llenarse de señales de tránsito, bolardos, faroles y otros obstáculos colocados sobre el espacio peatonal para no entorpecer el movimiento de los automóviles.
Por esto, una visión integral de la seguridad en las ciudades es sumamente importante.
Ciudades sostenibles
El enfatizar la movilidad verde reduce el consumo de recursos, limita las emisiones de carbono y disminuye los niveles de ruido. El fomentar la caminata, el uso de la bicicleta o del transporte público es parte de lograr ciudades sostenibles. Es importante lograr que la población use estos medios de transporte para distancias cada vez más largas. Para esto, es necesario la creación de estaciones funcionales y equipadas tanto de día como de noche, así como la existencia de estacionamientos de bicicletas en las calles y en los edificios públicos y de viviendas.
Al referirse a las ciudades sostenibles, Gehl habla a su vez de sostenibilidad social. Por esta, se refiere a que los diversos grupos sociales que conviven en una ciudad tengan iguales oportunidades para acceder al espacio público y desplazarse a través de él. Esta es la dimensión democrática de la ciudad: que esta se acomode a todos y que sea inclusiva.
Ciudades sanas
Una ciudad en la que sus habitantes practican actividad física como caminar o andar en bicicleta como rutina diaria es una ciudad sana. En un modelo de vida donde la gran mayoría de la población no cuenta con oportunidades para usar su cuerpo y su energía diariamente, es necesario alentar a la población a caminar y moverse en bicicleta lo más que pueda en el día a día.
Con el fin de lograr una ciudad sana que cumpla con los demás objetivos mencionados, Gehl ve fundamental incrementar el bienestar de peatones y ciclistas. Para caminar sugiere hacer veredas más anchas mejorando las tramas peatonales, pavimentar con materiales de mayor calidad, plantar árboles para lograr sombra, remover obstáculos innecesarios y mejorar los lugares donde se cruza la calle. Para tener buenas ciudades para andar en bicicleta sugiere ciclovías, rutas verdes atravesando parques, pensar una concepción integrada de transporte en la que se pueda viajar combinando el viaje en bicicleta con el transporte público, poder estacionarla en la calle o en edificios y una buena visibilidad en las esquinas.
Con más peatones y ciclistas y más vida en los espacios comunes de la ciudad, Gehl considera que las ciudades pueden volverse ciudades vitales, seguras, sostenibles y sanas.
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Genial! Tendré que leer el libro en algún momento, aunque este es un buen resumen y toca varios temas para reflexionar! 🙂
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