#2 Cuentos para el aislamiento

Hoy proponemos el segundo Cuento para el aislamiento.

Muchas gracias por los comentarios del post anterior. Quienes quieran, pueden seguir comentando la primera lectura aquí.

La propuesta de esta semana es «La buena gente del campo» de Flannery O’Connor. Pueden encontrarlo en este link.

Luego de leerlo podrán dejar sus comentarios en esta misma entrada, los cuales iremos respondiendo entre quienes quieran participar. Si tienes problema para publicar tus comentarios, puedes enviarlos a despaseando @ outlook.com

Algunas preguntas guías para el debate:

– ¿Cómo es la vida en la casa de la señora Hopewell?

– ¿Cómo interpretan el cambio de nombre de Joy?

– ¿Qué piensan de las expresiones que usan los personajes del relato? Sobre todo la que refiere a «la buena gente del campo».

– ¿Por qué creen que Joy/Hulga utiliza esta expresión al final del relato? («¿No eres de la buena gente del campo?»)

– ¿Cómo interpretan el final?

¡Las leo!

Abrazos virtuales

*

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5 comentarios sobre “#2 Cuentos para el aislamiento

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  1. Tampoco había leído nada de O’Connor y pienso que no habría podido tener mejor inicio en su narrativa que con este cuento. Aún estoy digiriendo la potencia en cada una de las ideas que transmite: la simpleza, la diferencia, el error en la probabilidad, la nada, etc. Sigo tiesa y maravillada, también por los análisis que han hecho aquí, sobre todo el de las miradas y los ojos. Confieso que el detalle del orzuelo me pareció super curioso durante el texto y, de hecho, inicialmente, pensé que se trataba de la historia corta sobre la interrupción de un embarazo y que el orzuelo se refería al feto. Pero, por supuesto, por más que lo intenté no encontré ese hilo conductor que me llevara a confirmar la idea porque, como lo ha explicado aquí Belén, era tan literal como lo mostraba el texto.

    El cambio de Hulga por Joy, lo pienso como la idea de querer construirse a sí misma y sentirse más propia o adecuada a la artificialidad de sus otras partes y no tanto como una forma de revelación contra la madre. Es decir, el cambio es completamente para sí basándose en lo particular que se siente respecto a las demás jóvenes. Por ello también me parece potente que él, Pointer, al final la llame por ese nombre «Y te diré algo más, Hulga, no eres tan inteligente», esto hace que el momento sea mucho más humillante, porque se está burlando (sin ser consciente del todo) de ese ‘alter ego’ que ella ha creado. Más triste aún es ver que sin el nombre, sin la pierna, sin los lentes, es tan igual o tan «nada» como el resto.

    La expresión ‘buena gente del campo’ me recuerda muchísimo a la forma denigrante que tuvieron en Estados Unidos para nombrar a los campesinos víctimas de la Gran Depresión, ‘okis’. Esta, sin embargo, es hipócrita y condescendiente porque esa ‘buena gente de campo’ que aquí llaman son para ellos los que nacen para servir al resto, son manejables, obedientes, ignorantes y, como ellas mismas dicen, simples. Por eso mismo son necesarias, son: «la sal de la tierra», «la sal de la vida».

    Por otro lado, tengo una fascinación por los personajes soberbios que en medio de su ignorancia se consideran superiores y que sus finales, normalmente, cargan con la ironía de sus conceptos y comportamientos, haciendo los relatos mucho más crudos y mordaces. Sucede en el caso de las tres mujeres, su poder de negación a aceptar que son tan comunes como su mundo en sí, las hace todavía más vulnerables. Al creer que Pointer era tan ‘simple’ y de ‘buena gente del campo’ las prolonga en ese mundo creado de apariencias que a nadie afecta tanto como a ellas mismas.

    Un abrazo a todas

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  2. ¡¡Belén!! Otra vez me encanta tu comentario. ¡Muchas gracias! El collage de frases que has hecho referidas los ojos y miradas me hizo flipar. No había reparado en el peso y la reiteración de estas. ¡Hasta un orzuelo aparece! Me encantó este registro que sola no había notado.

    Con respecto al personaje de Joy/Hulga, pienso que el cambio de nombre, su vida debido a su condición de salud, sus gafas pero sobre todo su pierna, son elementos constituyentes de su identidad.
    En relación a tu lectura de su nombre nuevo, me inclino a pensar que la elección de un nombre por su fealdad pareciera un acto un poco adolescente para encontrar una identidad en oposición a su madre y a lo que esta cree que es bueno. Hulga en oposición a Joy. Una intelectual en oposición a su madre y a la buena gente del campo. Este nombre es para ella algo íntimo, un placer propio.

    («Cuando ella y la muchacha se encontraban juntas por casualidad fuera de la casa, ella decía algo y agregaba el nombre de Hulga al final, y la corpulenta y miope Joy Hulga fruncía el ceño y se sonrojaba como si le hubieran violado su intimidad. Ella consideraba el nombre como algo personal.» y
    «Lo vio como el nombre de su mayor acto creativo. Uno de sus mayores triunfos era el de que su madre no había podido borrar la primacía de Joy, pero lo más importante de todo fue que se había podido transformar en Hulga.»)

    Su pierna, por su parte, la hace única, y Joy/Hulga es consciente de esto. («Había algo en ella que fascinaba a la señora Freeman y un día Hulga se dio cuenta de que era la pierna artificial.» ) Hacer notar el ruido de su pierna, aunque podría no hacerlo es una forma de decir estoy aquí, esta soy yo.

    («Cuando Hulga entraba cojeando en la cocina por la mañana (podía caminar sin ese ruido horrible que hacía, pero lo hacía —la señora Hopewell estaba segura— porque el sonido era espantoso), las miraba sin decir palabra.» y «—Si quieres que lo haga, aquí estoy: COMO SOY. «)

    La pierna y las gafas la vuelven especial ante la mirada del vendedor de Biblias.
    («La estaba mirando con abierta curiosidad, con fascinación, como un chico que mira un nuevo animal fantástico en el zoológico, y respiraba como si hubiera corrido una gran distancia para alcanzarla.»
    «—Veo que tienes una pierna de palo —dijo—. Creo que eres muy valiente. Creo que eres muy dulce. «)

    Esas frases y la que compartiste «me gustan las chicas que usan gafas» resaltan lo especial de Joy/Hulga. Al hablar de las gafas, el chico habla de pensar, asociando gafas con inteligencia.
    Todos estos elementos hacen de Joy un personaje diferente. Me recuerda a un cuento de Alice Munro de «Mi vida querida»: «Corrie». Corrie tiene una cojera y una interpretación de este texto dice que esta cojera marca su destino; es una chica que no se va a casar y que se ampara en la cojera para ser distinta, ser ella. La cojera de Corrie y la pierna de madera de Hulga las hacen necesariamente distintas, o como el personaje que citas de Carmen Martín Gaite, «la chica rara». A partir de este hecho, Joy/Hulga puede construirse como quiere, ya que nada podrá hacer que sea una chica más. Habilitada por su pierna, puede ponerse un nombre feo, hacer un doctorado en filosofía y vestir una remera amarilla con un caballo. («Todavía la consideraba una niñita porque le hacía pedazos el corazón pensar en la pobre muchacha corpulenta que nunca había dado un paso de baile o tenido una diversión normal.») Esto se relaciona con lo que dices del personaje de Martín Gaite en relación a «la nada»: «Me marchaba sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor.” Joy/Hulga como Corrie son las chicas raras que pueden explorar su persona a partir de esto pero que a la vez han perdido momentos en su vida.

    Pero estos elementos de identidad de Joy/Hulga son frágiles, ante su uso por otras personas o ante la falta de estos, se siente desnuda. El quitarse la pierna ante el vendedor la hace sentir entregada a él, algo que teme pero a la vez desea al imaginarse huyendo con él y que él le coloca la pierna cada mañana. Sin embargo, él le roba la pierna y vemos a Joy/Hulga detenida y desnudada.
    («Pero era tan sensible respecto de su pierna artificial como un pavo real respecto de su cola. Cuidaba de ella como otros cuidaban de sus almas, en privado y casi con los ojos vueltos hacia otro lado.»)

    En cuanto a la referencia a la nada, muy interesante en tu comentario, me parece otra forma de pensarse en contra de los valores cristianos que la rodean. «La ciencia no desea saber nada acerca de la nada. Eso es, después de todo, la actitud estrictamente científica frente a la Nada. Lo sabemos al no desear saber nada acerca de la Nada.» Sin embargo, hacia el final se descubre compartiendo el prejuicio de «la buena gente del campo», «los buenos cristianos» y es el vendedor de Biblias el que le dice que no cree en nada.

    ¡¡Gracias por tu comentario!! Un abrazo

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  3. La atmósfera en casa de la señora Hopewell me parece fría, como si hubiese una especie de calma tensa, y una actitud resignada y pasiva limitase sus vidas. He tenido la sensación de que los personajes están contenidos, como si estuviesen vacíos o tuviesen una cara más allá de las apariencias que se describen. Creo que ocurre lo mismo con el relato, el texto tiene muchos juegos de palabras que ocupan un valor simbólico, y que si se investigan seguramente podríamos darle distintas interpretaciones y significados.

    Uno de los juegos de palabras sería el cambio de nombre de Joy. Una interpretación podría ser la construcción de Joy en oposición a su madre, como un acto de determinación y búsqueda de autonomía. También lo interpreto como una oposición dicotómica entre la inocencia y la maldad, identificada con los valores cristianos bueno/malo, cielo/infierno, que se representa en el personaje de Joy/Hulga. El nombre de Joy transmite alegría y diversión, mientras que Hulga sería lo opuesto “Tenía la visión de un nombre que trabajaba como el feo y sudoroso Vulcano que permaneció en el horno”. La buena gente del campo representaría los valores cristianos tradicionales, o la visión romántica del campo, que la autora desmitifica al final del relato con la historia entre Joy/Hulga y el vendedor de Biblias.

    Otro de los juegos de palabras que me ha llamado la atención, es la forma en la a lo largo de todo el texto, Flannery O’Connor nos acerca a los personajes tomando como elemento simbólico los ojos y las miradas: “movimiento casi imperceptible en sus negros ojos”, “con sus ojos de un azul helado, y la mirada de alguien que ha conseguido la ceguera por tener la voluntad y los medios de poseerla”, “usted es la rueda detrás de la rueda, y le había guiñado un ojo”, “era como si los ojos acuosos y acerados de la señora Freeman hubieran penetrado lo suficiente dentro de su rostro como para alcanzar el meollo de algún acontecimiento secreto”, “acentuaba su propia imagen: abotargada, ruda y bizca”, “ella tenía ese orzuelo (…) Esta mañana no tenía ese orzuelo. No quedaron ni huellas de orzuelo”, “Ella apartó la mirada y la dirigió al cielo ahuecado y luego hacia abajo, al cerro oscuro”, “No había nada en su rostro o en sus redondos ojos azules y fríos que indicase que esto la había emocionado”, “sus ojos como dos pernos de acero”, “Una vez conseguí un ojo de mujer de esta manera”….

    En este juego de ojos y miradas, que nunca se describen como cálidas o cómplices, sino que nos transmiten una imagen fría, como si fuesen personas que ni sienten ni padecen. Que no ven, que prefieren evitar la realidad desviando la mirada, o que tienen alguna dificultad para mirar. Personajes vacíos por dentro, como dice Joy/Hulga “algunos nos hemos arrancado las vendas de los ojos y vemos que no hay nada para ver. Es una especie de salvación (…) No tengo ilusiones. Soy una de esas personas que miran a través de todo a la nada.”. Y como reitera el vendedor de Biblias: “Y te diré algo más, Hulga —dijo usando el nombre como si no le tuviera ninguna consideración—, no eres tan inteligente. ¡Desde el día en que nací no creo absolutamente en nada!”.

    Creo que sería interesante profundizar en esta idea de la “nada”, un concepto al que hace referencia a partir de una cita textual: “Un día la señora Hopewell había cogido uno de los libros que la muchacha acababa de dejar y, abriéndolo al azar, leyó: “La ciencia, por otro lado, tiene que afirmar nuevamente su sobriedad y seriedad y declarar que sólo le preocupa lo—que—es. La nada ¿qué otra cosa puede ser para la ciencia, sino horror y fantasmagorías? Si la ciencia tiene razón, entonces hay algo que permanece firme: la ciencia no desea saber nada acerca de la nada. Eso es, después de todo, la actitud estrictamente científica frente a la Nada. Lo sabemos al no desear saber nada acerca de la Nada. Estas palabras habían sido subrayadas con un lápiz azul y tuvieron para la señora Hopewell el efecto de alguna encarnación diabólica en forma de parloteo. Cerró el libro rápidamente y salió del cuarto como si estuviera a punto de ser presa de terribles convulsiones”

    Me viene a la cabeza una de las autoras que hemos leído, Carmen Martín Gaite, quien en su ensayo “Desde la ventana”, reflexiona sobre la obra de Carmen Laforet “Nada” y coincide en distintos aspectos con este relato. Reconociendo que al personaje femenino no le ha pasado nada de nada, y cita: “Me marchaba sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así lo creía yo entonces”. En este ensayo Carmen Martín Gaite hace referencia al personaje de la “chica rara” que “se puede interpretar como símbolo de su aceptación del papel de espectadora, al que estaba destinada desde el principio”. Tal vez se le pueda dar la misma interpretación a este relato ¿juega Joy/Hulga ese mismo papel de chica rara?

    Una chica que usa gafas: “Me gustan las chicas que usan gafas —dijo—. Pienso mucho. No soy como esa gente en cuyas cabezas jamás entra un pensamiento serio”; Pero que, sin embargo, termina siendo igual que las demás: “No se había dado cuenta de que él le había sacado las gafas pero este paisaje no podía parecerle excepcional ya que raras veces prestaba alguna atención a su entorno”.

    Y que además tiene una pierna de madera que la hace diferente: “Porque —dijo—, es lo que te hace diferente. Eres como ninguna otra”. Pero que, como vemos al final del relato, sin su pierna queda atrapada en esa nada o mente en blanco “sin la pierna, se sentía completamente dependiente de él. Parecía que su mente había dejado de funcionar y que se estaba ocupando de algo que no comprendía muy bien”. Me parece simbólico, además el hecho de que el muchacho que le roba su pierna sea un vendedor de Biblias y la forma en la que describe el suceso “le vio coger la pierna y luego colocarla en diagonal y desamparada dentro de la valija con una biblia a cada lado” como si la pierna representara su independencia, lo que la distingue del resto, y quedase finalmente atrapada por la moral cristiana.

    Por último, el relato termina con una de las frases de la señora Hopewell que parecen repetidas y vacías de contenido como “Toda clase de gente es necesaria en este mundo” Y termina “Era tan simple —dijo—, pero creo que el mundo sería mucho mejor si todos nosotros fuéramos tan simples”, una frase que no dice nada, y al mismo tiempo lo dice todo.

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  4. ¡Gracias Sara por tu comentario!

    Comparto lo que dices. «La buena gente del campo» es un prejuicio positivo por parte de ellas.
    Joy/Hulga manifiesta una creencia en su superioridad intelectual que la lleva a un aparente desinterés. Hasta que el joven vendedor de biblias le habla y fija su atención en ella.
    Joy piensa entonces que va a seducirlo y a influenciarlo.

    «Esa noche Hulga se había imaginado que lo seducía. Imaginó que los dos caminaban por el campo hasta que llegaban al granero más allá de los dos campos de atrás, y allí las cosas llegaban a tal punto que ella lo seducía con facilidad, y luego, por supuesto, tenía que vérselas con el remordimiento de él. Un genio verdadero podía llegar a hacerse entender hasta por un cerebro inferior. Imaginó que ella transformaba su remordimiento en una comprensión más profunda de la vida. Ella ponía de lado toda la vergüenza de él y la transformaba en algo útil.»

    Cuando descubre que la situación no se desarrolla como esperaba y que el otro no se comporta como ella pensaba, sino que la «balanza de poder» se inclina, vemos que comparte la idea de «una buena gente del campo» como su madre.

    » —¿No eres —murmuró—, no eres de la buena gente de campo?
    El muchacho ladeó la cabeza. Parecía como si comenzara ahora a darse cuenta de que ella podría estar tratando de insultarlo.
    —Sí —dijo, doblando un poco los labios—, pero eso no me ha dejado atrás. Valgo tanto como tú en cualquier momento.»

    Me pregunto si el falso vendedor tenía planeado llevarse de cualquier modo su pierna de madera así como sus lentes, como había hecho anteriormente con las prótesis de otras mujeres, o si esto lo decide cuando encuentra que la situación tampoco se desarrolla como él esperaba. Es decir, ambos dos imaginan en el otro una persona que responderá a su fantasía y encuentran que no es así, con el crudo final que conocemos.

    ¡Un abrazo!

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  5. ¡Buenas!

    Me ha gustado mucho el relato, no había leído nada de Flannery O’Connor y la verdad es que me ha dejado con la boca abierta, especialmente por lo oscuro que se vuelve partiendo de un inicio tan aparentemente inocente y apacible.

    El cuento sigue un poco la línea de lecturas que hemos hecho en la que aparecen esas hijas que se construyen en oposición a la madre. En este caso, hasta decide cambiarse el nombre en lo que interpreto como una forma de rechazo a lo que su madre espera de ella y a la vez como una voluntad de crearse de nuevo a sí misma. Pasa de un nombre luminoso como Joy a otro aparentemente feo, pero que ella considera que le representa mucho mejor. Sin embargo, me parece curioso que no le guste oírlo en boca de otra persona (al menos de la Señora Freeman), ya que para ella realmente representa algo muy íntimo. En general, me gusta mucho como todos los nombres tienen su significado y no están puestos al azar.

    La Señora Hopewell, al contrario que la hija, está mucho más adaptada al lugar en el que vive, aunque se considera superior a todos los que la rodean. Al final, la forma en la que se refiere a “la buena gente del campo” destila una gran dosis de paternalismo e incluso desprecio, no del todo consciente tal vez, pero al fin y al cabo es una forma de definirlos como más simples y menos sofisticados que ellas.

    Joy/Hulga, aunque se considera muy diferente a su madre, no deja de compartir sus prejuicios y su superioridad intelectual, lo que la conduce a esa situación tan desagradable con el falso vendedor de Biblias, al que ella había etiquetado como “buena gente del campo”.

    Me gusta la escena final, en la que la Señora Hopewell y la Señora Freeman siguen con su vida cotidiana llena de conversaciones banales e hipócritas, ajenas a lo que ha le ha pasado a Joy. Me parece una forma de acabar casi circular, volviendo a ese inicio aparentemente apacible, pero donde el lector ya sabe que las apariencias engañan y el fondo es mucho más turbio.

    ¡Abrazos!

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