¿Por qué paseamos?

Madrid, Junio 2020

Una serie de reflexiones y anotaciones realizadas tanto previamente al confinamiento por el COVID-19 como durante el mismo, respecto a la temática que moviliza en gran parte a Despaseando: el pasear por la ciudad.

Durante el confinamiento extrañamos la ciudad; pasear por sus calles, la posibilidad de encontrarse, mirarse y sentirse parte de una comunidad conformada por otrxs desconocidxs, y la espontaneidad de lo que puede suceder al salir de nuestras casas y entrar en el espacio público.

Caminar y estar al aire libre es sano y necesario: mover el cuerpo, ejercitarlo, respirar aire fresco, recibir los rayos del sol y la vitamina D, ampliar la mirada, pasearla a través de un espacio abierto… No todxs tuvimos estas posibilidades durante el confinamiento y poder pasear fue un paso para recuperar mucho de lo que nos faltaba.

En las ciudades, ¡caminar es mucho más que solo circular! Hay contacto entre las personas y la comunidad, se disfruta del aire fresco, de la permanencia en el exterior, de los placeres gratuitos de la vida y de las diversas experiencias sensoriales. En su esencia, caminar es una forma especial de comunión entre personas que comparten el espacio público. Ciudades para la gente – Jan Gehl

Cuando pudimos volver a pasear algunxs salimos a la calle extasiadxs con el verde, la luz del sol y los pájaros. Otrxs se preguntaron con qué fin se sale a caminar cuando no hay nada abierto, «nada para hacer». Nada pago para hacer o nada para consumir quizás. Es interesante reflexionar sobre esto. ¿Por qué paseamos? ¿Para qué? Como dice Francesco Careri: «Quien pierde tiempo, gana espacio». Saliéndonos de la lógica funcional y productiva ganamos en experiencias en las que habitamos el espacio de la ciudad, nos conectamos con él y nos encontramos con otrxs.

Caminar es solo el comienzo de la ciudadanía, pero gracias al caminar el ciudadano llega a conocer su ciudad, a relacionarse con otros ciudadanos y a habitar de verdad la ciudad, no solo los metros cuadrados de uso privado que parecen corresponderle.
Wanderlust – Rebecca Solnit

Cuando pudimos pasear, nos faltó el detenernos. Poder sentarnos en un banco, observar, descansar, leer, todas actividades que forman parte de la experiencia del pasear. Como dice Francesco Careri en su libro «Pasear, detenerse»:

Para quien navega, el avanzar es tan importante como el detenerse. (…) La posibilidad de echar el ancla y conocer de cerca otros territorios y otras gentes (…). El navegar, el andar y el perderse implican el encuentro con el Otro, llevan a la condición del extranjero que se encuentra con otros extranjeros.

Pasear y sentarse es gratis. Reunirse en un parque es gratis también. Quizás por eso algunas medidas respecto a pasear y estar en espacios públicos no fueron primordiales a la hora de desescalar y reactivar la economía.

El hecho de detenerse es en realidad una gran oportunidad para seguir actuando con el mismo espíritu del ir, pero en un espacio del estar. (…) Si nos detenemos es porque antes habíamos estado andando.
Pasear, detenerse – Franceso Careri

Ahora, en Madrid, podemos pasear, detenernos y reunirnos, todavía con ciertas medidas de distanciamiento social. Podemos pasear en pequeños grupos siguiendo las medidas tomadas. Entonces pensamos: ¿por qué, además de pasear y de detenernos, extrañamos pasear en grupo?

Como dice el colectivo Carabancheleando en su Diccionario de las periferias:

Los paseos constituyen una forma de investigar (…) sobre el terreno, andando y conversando al mismo tiempo. Permiten, como pocas metodologías, practicar la igualdad de inteligencias: el paseo hablado es algo de la gente común, algo que todas y todos sabemos hacer independientemente de nuestro capital cultural.

Paseando en grupo intercambiamos opiniones, saberes y sensaciones que nos atraviesan durante el recorrido, enriqueciéndonos así a partir de nuevas miradas y formas de habitar un lugar. A la vez, es una forma de compartir un momento y un espacio sin consumir. Hablamos de otras formas de encontrarnos, de habitar juntxs el espacio público. De estos encuentros surgen intercambios, proyectos y el disfrute de estar con otras personas.

Por todo eso paseamos, o despaseamos en nuestro caso.

«Paseamos despacio para reflexionar sobre las ciudades que habitamos.»

Paseamos y des-paseamos para reflexionar en grupo sobre lo que vemos y recorremos. Y como dice Careri: «producimos espacio andando».

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