Cuando hablamos de la historia de las flâneuses, las mujeres que pasean y observan la ciudad, nos encontramos con que la vestimenta podía ser otra limitación que estas tuvieron que atravesar.
La primera vez que reflexioné sobre esta relación entre la vestimenta y el caminar fue gracias al libro Flâneuse de Lauren Elkin. “Su elegante vestimenta de dama no estaba diseñada para deambular por la ciudad”, escribe de la escritora George Sand. El calzado se rompía, los pies se torcían y las faldas eran difíciles de llevar. Pero la escritora decidió vestirse como hombre, cambiar su nombre y moverse por la ciudad libremente accediendo a todos los espacios que le eran vedados como mujer. De esta forma, con sus botas y su traje, no solo ingresaba a teatros y cafés sino que nadie se fijaba en lo que hacía. Podía caminar y actuar libremente.

La historia de la moda occidental es muy interesante ya que nos permite comprender la manera en que vivieron las personas durante distintas épocas. Las características de la vestimenta no eran ajenas al contexto social y político.
Para conocer la historia de las mujeres, haremos un breve acercamiento a algunos momentos de la historia de su vestimenta. Sin embargo, debemos aclarar que hablaremos de las mujeres de clase alta europea, ya que eran quienes tenían los recursos para costear la confección de los trajes.
“La moda es un testigo, pero un testigo de la historia del gran mundo solamente, pues en todos los pueblos la gente pobre no tiene más modas que historia, y ni sus ideas ni sus gustos, ni siquiera su vida cambian apenas. Sin duda la vida pública comienza a penetrar en las pequeñas familias, pero hará falta tiempo.”
(Montrue citado por Walter Benjamin en «Libro de los pasajes»)
La vestimenta siempre fue un modo de diferenciación entre clases sociales. Los tejidos y su trabajo eran muy costosos, por lo que las prendas demostraban el poder económico de quien las portaba. Mientras las clases altas tenían varios vestidos, las clases bajas tenían muy pocas prendas, las cuales reutilizaban y transformaban según la necesidad. A lo largo de los últimos dos siglos, diversos cambios llevarían a que el acceso a las prendas y la moda misma se democratice, pero como dice Montrue, hará falta tiempo.
A las cuestiones económicas, se sumaban las cuestiones de pudor. La vida sexual era un tabú, sobre todo entre las mujeres de clase alta, y la moda fue una respuesta a esto.
“A medida que avanzaba el siglo XIX, las mujeres fueron quedando cada vez más embutidas en el interior de su atuendo. Hacia la década de 1840, una mujer podía llevar debajo de su vestido una camisa hasta la rodilla, una camisola, hasta media docena de enaguas, un corsé y bragas. La idea, tal y como un historiador apunta, era <<eliminar, en la medida de lo posible, cualquier impresión de forma>>. Toda esta infraestructura de prendas podía resultar aterradoramente pesada. Una mujer podia llegar a desarrollar sus tareas diarias bajo dieciocho kilos de ropa.”
(Bill Bryson – «En casa»)
Para reemplazar esta superposición de prendas, durante el período victoriano en Inglaterra, aparecen los miriñaques.
“Las crinolinas, o miriñaques, hechas con barbas de ballena o acero, se introdujeron para dar forma sin necesidad de tanta ropa interior, pero aunque el peso se aligeró mínimamente, la torpeza de movimientos se incrementó de manera considerable. (…) Subir a un carruaje era pensárselo dos veces y exigía mucha astucia.”
(Bill Bryson – «En casa»)
Estas prendas no solo eran incómodas y limitaban la movilidad de las mujeres ya que se levantaban cuando la mujer se agachaba o, si se ajustaban en exceso, podían invertirse y voltearse hacia arriba; también eran peligrosas: por la torpeza que generaban podían hacer que la mujer se cayera o se le prendiera fuego el vestido sin que lo notara.

Un ejemplo de cómo el contexto político y social influenciaba la moda es el siguiente: el comienzo del período victoriano, caracterizado por la expansión del Imperio, se reflejará en la moda al ensancharse y agrandarse las prendas, hacerse los peinados cada vez más altos y, como se cita en el Libro de los pasajes de Walter Benjamin, conectarse los miriñaques con “el fortalecido imperialismo, que se expande amplia y vacíamente como esta imagen suya”.
El tamaño de las prendas, en general, reflejaba a su vez que quienes las portaban no tenían necesidad de trabajar.
Pero las mujeres de clases inferiores comenzaron a adoptar el miriñaque por más incómodo que este fuera, dándose lo que Jhering, citado por Benjamin, señala como uno de los motivos por los que la moda cambia: “una vez adoptada la nueva moda por las clases medias pierde su valor para las altas. Por eso la novedad es la condición imprescindible de la moda.”
Lo mismo afirma Bill Bryson:
“La edad de oro del miriñaque fue el período comprendido entre 1857 y 1866, momento en el cual empezó a quedar desterrado, no porque fuera peligroso y absurdo, sino porque cada vez se imponía más entre las clases inferiores, destruyendo con ello su exclusividad.”
Pero como este autor sostiene, con este abandono no se dio fin a la incomodidad en la vestimenta femenina ya que dio paso a los corsés.
A lo largo de este siglo al que nos referimos, la presencia de las mujeres en las calles fue aumentando. Un fenómeno que permitió este cambio fue la aparición de las grandes tiendas y almacenes a mediados del siglo, que contribuyeron a “normalizar la aparición de las mujeres en público”, en palabras de Elkin.
Con el fin del siglo, a su vez, nuevos espacios contaron con la presencia de las mujeres al comenzar a aparecer deportes practicados por estas, los cuales requirieron trajes propios para desarrollar estas actividades.
“En estos años en torno a 1880 (…) surge el interés de la mujer por el deporte, sobre todo por la hípica, y ambas cosas influyen sobre la moda (…). Se procura una solución haciendo el talle lo más ceñido y simple posible.»
(Walter Benjamin)
Con la llegada del siglo XX los vestidos se fueron adaptando a las nuevas posibilidades y necesidades de estas mujeres: entrar en un automóvil, andar en bicicleta y pasear. Posteriormente, ante las guerras mundiales, los trajes se volvieron más sobrios, tanto por la influencia de teorías sociales como también, en muchos casos, por la necesidad de dinero que llevó a que muchas vendieran sus vestidos o salieran a trabajar. Por todos estos motivos la forma de vestirse se simplificó.
Vemos a través de este breve acercamiento a la historia de la moda que esta ha variado en función de la época respondiendo al contexto social. En épocas constrictivas, la moda lo fue también:
“las mujeres parecían destinadas a la vida sedentaria, a la vida de familia, porque su manera de vestir no tenía nada que diese la idea del movimiento o que pareciese favorecerlo”.
(Blanc citado en Benjamin)
Con los cambios profundizados por la llegada del siglo XX, las guerras mundiales y las luchas feministas, cada vez será mayor la presencia de las mujeres en espacios externos a la casa y en actividades diversas, por lo que la moda debió adaptarse a estos cambios respondiendo con prendas variadas, más cómodas y livianas y que permitieran mayor movilidad.
BIBLIOGRAFÍA
Benjamin, Walter, “Libro de los pasajes”
Bryson, Bill, “En casa”
Elkin, Lauren, “Flâneuse”
“Historia de la moda”, capítulo del podcast de @vivalamodablog con @intravenous_sugar de invitada
“Se dice falda”, videos sobre historia de la moda de @intravenous_sugar
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Reblogueó esto en y comentado:
Un artículo muy interesante y que quiero compartir con mis lectores amates de la historia de la moda.
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