El diseño y el cuidado de los jardines fue una actividad desarrollada y apreciada en la Antigüedad. Esta se consideraba una fuente de esparcimiento pero también un arte. Sin embargo, tras la caída del Imperio romano, esta cultura se extinguió. Como muchas de las costumbres romanas, los jardines así como por ejemplo el placer encontrado en los baños, fueron rechazadas por los primeros cristianos.
“En recuerdo a la Roma decadente y pagana, toda clase de lujo estaba mal vista en un Medioevo temeroso de Dios. Si en la Antigüedad la naturaleza era un lugar hermoso y apacible habitado por divinidades bienintencionadas, ahora se impone la idea de que los paganos dioses de los ríos y las ninfas de las fuentes, las deidades del viento y el fuego apartaban a los buenos cristianos del camino. Por ello el jardín medieval estaba rodeado de un alto muro que separaba lo agreste de la naturaleza domada, ordenada, por así decirlo.”
(Las mujeres que aman las plantas)
El jardín medieval contaba con muros para evitar a los habitantes de estas fortalezas encontrarse con un mundo peligroso. Eran épocas convulsas y se buscaba estar protegidos detrás de esta barrera física y visual. En estos jardines se cultivaban frutas, verduras y hierbas medicinales, y se les llamaba «Hortus Concusus» (huerta cerrada).
Con la llegada de tiempos más seguros, el jardín cambió y comenzó a cumplir otras funciones. Durante el Renacimiento, el jardín fue un espacio de juegos, celebraciones y también un lugar donde dar un paseo. Así resurgió el paisajismo al requerir de especialistas que dieran respuesta a los nuevos deseos y formas.
El jardín renacentista italiano, inspirado en los jardines clásicos, derribó la barrera visual entre jardín y paisaje, entre casa y resto del mundo.
“Pero ya estaban desapareciendo las murallas del jardín y la distinción entre jardín y paisaje se hizo cada vez más difícil. Muchísimos jardines italianos del Renacimiento fueron construidos sobre pendientes que daban al campo abierto, uniendo así el jardín con el mundo, pero los jardines ingleses y franceses rara vez contaron con tales escenarios. La línea de división solamente alcanzaba la muralla del jardín y ya luego, con el tiempo, atravesó por una variedad de aberturas la muralla del jardín.”
(Wanderlust)
Surgieron a partir de entonces nuevos modelos de jardines inspirados en la tradición clásica, como el jardín francés, también llamado jardín formal o clásico, basado en la simetría.
“Triunfó el orden platónico, la superposición del ideal sobre la caótica realidad de la materia. Dichos jardines extendieron la geometría y la simetría de la arquitectura al mundo orgánico, pero aun así ofrecían oportunidades para encuentros más informales e íntimos: a lo largo de la historia, una de las mayores funciones de los jardines aristocráticos fue dar a sus habitantes un lugar donde alejarse de las obligaciones familiares y darse a la contemplación o la conversación.”
(Wanderlust)
El jardín francés estuvo de moda durante el barroco pero a lo largo del siglo XVIII comenzó a ponerse de moda otro tipo de jardín, el inglés o paisajístico. Ante un jardín que mostraba la mano del hombre poniendo orden a la naturaleza, se comenzó a practicar una jardinería que buscaba disimular esta mano, logrando que la misma pareciera natural.
En este modelo se buscó borrar el límite entre el jardín y el paisaje, inventando como solución el “ha-ha”.
“El <<ha-ha>> es un vallado hundido, una especie de empalizada diseñada para separar la parte privada de una finca de las partes dedicadas a otras labores y evitar la intromisión de una valla o un seto. (…) Al permanecer invisibles hasta el último momento, la gente solía descubrirlos y gritar sorprendida <<Ha-ha!>> y de ahí, se dice, el nombre. El ha-ha no fue tan solo un dispositivo práctico para impedir que las vacas se adentraran en el césped sino también una nueva forma de percibir el mundo. Terrenos, jardin, parques, finca… los distintos elementos formaban parte de un todo continuo. De pronto, la zona más atractiva de la propiedad no tenía por qué terminar cuando se acababa el césped, sino que podía prolongarse hasta el horizonte.”
(En casa)
Además, el jardín paisajístico incorporó elementos arquitectónicos para entretener a sus propietarios y a sus visitantes al pasear. Los jardines de los últimos siglos eran jardines para apreciar mientras se caminaba. Como mencionamos, esta apreciación de la naturaleza es un fenómeno reciente y el moverse y el pasear por ella también. Los jardines incorporaron grutas, templos, atalayas, ruinas artificiales, obeliscos, invernaderos, caprichos almenados, casas de fieras, ermitas y panteones, entre otros edificios, para entretenerse y detenerse a contemplar. Incluso se puso de moda contratar a un ermitaño para que viva en la ermita.
“El jardín formal cerrado y el castillo son consecuencia de un mundo peligroso, del cual necesitamos ser protegidos tanto literal como estéticamente. Cuando se bajan las murallas, el jardín propone que ya hay un orden en la naturaleza y que es en armonía con la sociedad natural como se disfrutan dichos jardines. El gusto creciente por las ruinas, las montañas, los torrentes y por situaciones que provocaran miedo y melancolía, así como por obras de arte acerca de todas estas cosas sugiere que la vida se había vuelto tan plácida y placentera para los privilegiados de Inglaterra que estos podían incluso hacer volver, como entretenimiento, terrores que antaño la gente había luchado por desterrar. La experiencia personal y el arte informal florecían también en otros lados, especialmente en el auge de la novela.”
(Wanderlust)
Esta atracción por la naturaleza y la apertura hacia el paisaje llevaría al tránsito desde el jardín hacia el exterior, tema con el que continuaremos en una próxima entrada.
Mientras tanto les recomiendo otra lectura sobre jardines, caminantes y literatura.
BIBLIOGRAFÍA
BRYSON, Bill – «En casa»
LANFRANCONI, Claudia y FRANK, Sabine – «Las mujeres que aman las plantas»
SOLNIT, Rebecca – «Wanderlust»
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