RESEÑAS El papel amarillo de Charlotte Perkins Gilman

Collage de mi autoría

La casa como lugar de encierro

La casa es techo y refugio. Un lugar donde se duerme y se descansa, el cual nos protege del frío y del calor. Pero la casa puede ser también un lugar de encierro, sobre todo para las mujeres, a quienes históricamente se les ha asignado este espacio de vida mientras los hombres salían al espacio público a trabajar, encontrarse y tener ocio. Estar en casa, ser el “ángel del hogar” y ocuparse de las tareas domésticas y de cuidado ha sido el rol socialmente asignado a las mujeres, limitando históricamente su presencia en el espacio público. 

Como escribe la poeta Rosabetty Muñoz en su texto Apnea para la compilación Avisa cuando llegues de la editorial Bifurcaciones:

“La casa es un organismo que palpita y que, a través de la acumulación de años de convivencia inestable/desequilibrada, ha obligado a las mujeres a irse quedando en silencio. En este ambiente de obligaciones, la voz íntima se apagó hace mucho y hoy es otra capa de residuos sobre los utensilios domésticos.”

La casa vivida como lugar de encierro puede ser encontrada en obras como El papel amarillo de Charlotte Perkins Gilman. 

Charlotte Perkins Gilman (1860-1935) fue una intelectual estadounidense multidisciplinar. Entre sus obras literarias más conocidas se encuentra El papel amarillo, publicada en 1892, un relato inspirado en una vivencia propia escrito tras vivir una depresión post-parto. Al acudir a los médicos se le diagnosticó agotamiento nervioso y se le recetó una cura de descanso en la que se le prescribía una vida doméstica sin actividades intelectuales. Sin embargo, la experiencia de la autora no llegó al punto de la protagonista del relato, ya que abandonó este reposo al ver como comenzaba a afectarla.

En el El papel amarillo, quien le recomienda a la protagonista guardar reposo es su marido que a la vez es médico. Así, dos figuras de autoridad aúnan la voz en un solo personaje, una voz que desestima lo que la mujer siente. El encierro y la inactividad que le ordenan tener llevará a que esta se empiece a obsesionar con el empapelado amarillo de la habitación en la que descansa.

Una reseña a través de dos temas claves:

La casa

Al inicio del relato surge la pregunta sobre la casa en la que el matrimonio va a pasar una temporada. 

“Una mansión colonial, una heredad… Diría que una casa encantada, y llegaría a la cúspide de la felicidad romántica. ¡Pero eso sería pedir demasiado al destino! De todos modos, diré con orgullo que hay algo extraño en ella. Si no, ¿por qué iba ser tan barato el alquiler? ¿Y por qué iba a llevar tanto tiempo desocupada?”

Esta sugerencia de la narradora nos condiciona a pensar que hay algo malo con esta casa, algún fenómeno sobrenatural o alguna historia de asesinatos pasados. Al comenzar la lectura, esperamos que el horror surja de esta. Sin embargo, lo oscuro y lo horroroso, se crea en la mente de la protagonista encerrada en su casa, controlada por su esposo y su cuñada para que no se canse ni se agite. 

No es la casa ni la habitación tan extraña con barrotes, aros y un feo empapelado amarillo las que causan angustia y terror, sino el encierro de la narradora que la lleva a obsesionarse con este papel.

El aislamiento de la mujer en su casa también lo encontramos en la protagonista del anterior relato reseñado, La última niebla. En este último la forma de sobrevivirlo es la evasión a través de un recuerdo que le permite expresarse en voz alta entre los árboles y escribirle a un otro imaginado. Ninguna de las dos huye ni se rebela ante los mandatos sociales. El peso de estos las mantiene encerradas. 

“No me siento capaz de huir. De huir ¿cómo, adónde?” (La última niebla)

La voz

La protagonista es una escritora a la que le prohíben escribir.

“Durante una temporada sí que escribí, a pesar de lo que dijeran; pero es verdad que me agota bastante. Tener que llevarlo con tanto disimulo, a riesgo de topar con una oposición firme…”

“Viene John. Tengo que esconder esto. Le irrita que escriba.”

 A la protagonista le quitan su voz al impedirle decidir sobre su propia vida, realizar su trabajo y expresarse. Quien se la quita es la sociedad machista encarnada en el médico y marido. Este marido esconde su control y su poder tiñéndolos de amor y preocupación. 

“No sé por qué escribo esto. No quiero escribirlo. No me siento capaz. Además, sé que a John le parecería absurdo. ¡Pero de alguna manera tengo que decir lo que siento y lo que pienso! ¡Es un alivio tan grande…!”

La protagonista no es escuchada sino infantilizada. Su marido la llama “tontita”, la cuida como a una niña y no considera a la adulta que es. El paternalismo y la condescendencia del esposo me recuerda a “Casa de muñecas” en la que la protagonista es también infantilizada como si fuera una muñeca. 

“Dijo que yo era la niña de sus ojos, su consuelo, lo único que tenía en el mundo; que tengo que cuidarme por él, y ponerme bien.”

Por otro lado, la depresión post-parto que sufre la protagonista, quien no quiere ver a su bebé y que padece “nervios”, no era conocida en ese momento por los médicos. Con este relato la autora hace una crítica a este desconocimiento que lleva a curas como el reposo absoluto alejando a las mujeres de una vida activa, intelectual y rica en intercambios. A través de este cuento, Perkins Gilman retrata la situación a la que puede llevar este aislamiento y da voz a las mujeres que lo sufren. A su vez, da luz a un tema lleno de prejuicios como lo es la salud mental.

“John no sabe lo que sufro. Sabe que no hay «motivo» para sufrir, y con eso le basta.”

La maternidad como experiencia única de la mujer también es puesta en cuestión en este relato. Este nos habla de la diversidad de las experiencias y de la soledad y el rechazo al no cumplir con lo que socialmente se espera del ideal de mujer o de madre. 

El papel

Si bien el papel no lo hemos elegido como tema clave, es el hilo conductor del relato. En el papel la protagonista ve ojos, barrotes y finalmente mujeres atrapadas. Unas mujeres que la representan a ella misma, asfixiada en su habitación amarilla hasta el punto de obsesionarse con esta. Los barrotes de la habitación constituyen su jaula. 

«—Al final he salido —he dicho—, aunque no quisieras ni tú ni Jane. ¡Y he arrancado casi todo el papel, para que no puedan volver a meterme!»

Pueden encontrar el cuento en el portal de Las historias.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑