
Mariana Enríquez (1973) es una periodista y escritora argentina. Nacida en provincia de Buenos Aires, creció entre las historias y supersticiones de su abuela, oriunda de Corrientes, y comenzó a escribir bajo la influencia de la lectura de clásicos de terror como Stephen King y Lovecraft.
Enríquez se encuentra entre la nueva generación de escritoras argentinas que se ha posicionado tanto nacional como internacionalmente en la escena literaria. En 2019 ganó el Premio Herralde de novela con “Nuestra parte de la noche”.
Hoy hablaremos sobre su obra Las cosas que perdimos en el fuego.
Sus doce cuentos hacen que el horror se entremezcle con lo real, lo sobrenatural y lo psicológico, volviéndolo todo posible y cercano. El terror es punzante ya sea que provenga de lo inexplicable o de lo real. Sobre todo es punzante si apela a lo real porque son historias que nos podrían haber contado (claro que no tan bien como lo hace Mariana Enríquez).
El horror y el mal, ¿provienen de fuera o de dentro nuestro? ¿Provienen de nuestra mente? ¿O de la sociedad? Son preguntas que me quedaron rondando después de leer este libro.
Reseñamos Las cosas que perdimos en el fuego a partir de 3 apartados:
Contexto local
Los cuentos se sitúan en un lugar con ciertas particularidades, historias, personajes y creencias. Son relatos situados; surgen y necesitan de un lugar. Este es un personaje más de la historia. Conocerlo junto con sus características, ya sea porque nos es familiar o porque nos adentramos en la narración, nos hace sentir que la barrera entre lo posible y lo imposible se borra. La cotidianeidad con la que los relatos son presentados nos hará sumergirnos en ellos, haciendo que la posibilidad del horror nos impacte fuertemente.
A su vez, el entorno de los cuentos nos habla de un contexto social, de una sociedad violenta que expulsa, mata e ignora. El malestar y la violencia social están presentes, no son un elemento fantástico.
En El chico sucio la historia se desarrolla en un barrio periférico de Buenos Aires, un barrio que “quedó marcado por la huida y el abandono, la condición de indeseado. Y cada vez está peor.” En este cuento aparecen los expulsados de la sociedad, los pobres, los delincuentes y los drogadictos. Algunos de estos habitantes se refugian en creencias populares que a veces son inofensivas y otras son canales para perpetuar este mal que late en la sociedad que los margina.
En el cuento Bajo el agua negra también se desencadena un mal que refleja las problemáticas sociales de la ciudad. Este cuento se sitúa en una villa de Buenos Aires, asentada al lado de El Riachuelo; un flujo de agua estancada y contaminada. En este cuento hace presencia la violencia policial, moneda corriente en Argentina.
La sociedad marcada por la dictadura es el trasfondo de otros cuentos, como La hostería, establecimiento que había sido escuela de policía durante la dictadura, y Tela de araña, donde se cuenta un suceso acontecido en un puente que se dice fue construido con cuerpos de desaparecidos. En estos relatos, el halo de la dictadura se ve en las apariciones y desapariciones que atraviesan a los personajes. Ambos, además, se desarrollan en provincias del interior: La Rioja y Corrientes. En Tela de araña el relato se enmarca en el litoral, con su paisaje selvático y los insectos que acechan. Dos mundos se enfrentan: la ciudad y el interior, lo racional y lo inexplicable.
En Los años intoxicados adolescentes aburridas e ignoradas por sus familias crecen en los noventa menemistas en un mundo de adultos que se tambalea. Nadie les presta atención mientras crecen, se emborrachan y se drogan, dejan de comer y se violentan con los novios, externos a su círculo.
“La resignación apestaba en el aire y en las bocas torcidas de la gente amargada y de los padres quejosos, a quienes despreciábamos más que nunca.”
La adolescencia, período de la vida que aparece frecuentemente en la obra de Enríquez, es contextualizada en la realidad social del país. Ya no es solo difícil crecer sino que se crece entre la crisis.
En Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo, se hace un recorrido por criminales de principios del siglo XX en Buenos Aires en el contexto de hacinamiento en el que vivían los inmigrantes recién llegados a la ciudad.
“El Petiso era distinto. Era raro. No tenía más motivos que su deseo y parecía una especie de metáfora, el lado oscuro de la orgullosa Argentina del Centenario, un presagio del mal por venir, un anuncio de que habría más que palacios y estancias en el país, una cachetada al provincianismo de las élites argentinas que creían que solo cosas buenas podían llegar de la fastuosa y anhelada Europa.”
La cotidianeidad, truncada, oscura y podrida, enmarca los cuentos de este libro.
Lo real o lo posible
Algunos cuentos causan horror porque ante la pregunta “¿de dónde proviene el mal?” la respuesta no viene de algo sobrenatural, sino que el mal y el terror que nos causa surge de la mente de los personajes pero también, como dijimos, de la sociedad.
En Pablito clavó… además de la historia de uno de los criminales más conocidos del pasado argentino, lo que nos genera ansiedad es lo que tememos que haga el personaje principal. Lo que puede pensar y hacer nos angustia más que una aparición fantasmagórica.
En Fin de curso vemos los problemas psicológicos de una adolescente y la fascinación de sus compañeras. La auto-destrucción, el desequilibrio y la morbosidad que se desencadena entre chicas jóvenes es lo que nos angustia. Lo mismo sucede en Los años intoxicados donde la violencia surge de adolescentes que no ven un futuro, se aburren y se drogan.
En Nada de carne sobre nosotras, es el desequilibrio psicológico de la protagonista ante una calavera el que dirige el cuento, el cual nos habla también de la obsesión por los cuerpos y su tamaño.
Si quisiéramos, es posible pensar lo sobrenatural en ambos cuentos: podríamos pensar que la aparición en Fin de curso es real, no es producto de la mente de la joven, y podríamos pensar que la calavera en Nada de carne… tiene una influencia sobre la protagonista. Podríamos. Pero también eliminando esta posibilidad sobrenatural tenemos un cuento completo, aún más oscuro porque el mal y el horror surgen de las mentes de los personajes.
En Verde rojo anaranjado nada sobrenatural ni fantástico sucede. El personaje es un joven que decide no salir de su habitación, cortar sus relaciones sociales y comunicarse solo a través de su computadora. Sus obsesiones por el lado oscuro de internet y su aislamiento lo van volviendo un punto de colores que va desapareciendo.
Lo inexplicable o sobrenatural
Sin embargo, en otros relatos, lo sobrenatural y lo fantástico se presenta claramente.
En La casa de Adela aparece la figura de la casa embrujada pero en una ciudad del Gran Buenos Aires. La casa se traga a Adela, “la princesa de suburbio”. En este cuento vemos ritos, ¿juegos de niños?, entre la angustia de los protagonistas. “Hay que decir Adela tres veces a la medianoche, frente al espejo.”
Tanto en este cuento como en El patio del vecino es la casa el lugar tenebroso e inseguro.
En este último, la depresión de la protagonista, surgida de un matrimonio infeliz, la muerte de un ser querido y un problema en el trabajo a partir de un mal comportamiento suyo, se desata con la mudanza a una nueva casa. La alegría del nuevo hogar choca con lo oscuro que se percibe en el patio de al lado. ¿Es una visión o es real? Lo inexplicable se difumina con lo psicológico haciendo que no sepamos de dónde viene el mal pero que lo sintamos latente, expectante, en todas partes.
Las cosas que perdimos en el fuego, relato final que da nombre al libro, es diferente. Es un cuento de ciencia ficción en el que entramos a través de recuerdos en el metro de la ciudad, con una mujer quemada que pide dinero, y nos adentramos en una historia que habla de femicidios, quema de mujeres, la belleza impuesta y rebelión.
Terminar con este cuento nos hace sentir que Mariana Enríquez es capaz de todo y que necesitamos más de esta literatura.


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