Hoy comparto dos libros de crónicas sobre la ciudad escritos por dos escritores mexicanos jóvenes: Valeria Luiselli y Daniel Saldaña París. Ninguno de los dos libros se centra exclusivamente en la Ciudad de México sino que ambos comparten el retratar el viaje y las residencias largas en distintas ciudades. Sin embargo, en ambos la capital mexicana es referencia, ciudad con la que se carga y desde la que se piensa, ciudad con la que se comparan y contrastan las demás.
Papeles falsos de Valeria Luiselli

«Es un hecho paradójico que la Ciudad de México –una ciudad que, a diferencia de Berlín, París o Nueva York, tiene un centro preciso– haya perdido toda posible articulación y no se haya organizado en torno a ese centro. O quizá fue la confianza que generó aquel centro lo que le permitió a la ciudad expandirse indefinidamente, hasta perder todo contorno, hasta desbordarse fuera de la cuenca».
En este libro, la Ciudad de México aparece como una urbe inabarcable y desbordada en la que sus habitantes no pueden disfrutar del caminar del flâneur sin ser vistos como sospechosos. Solo en bicicleta pueden relajarse (este contraste entre el caminante de las ciudades europeas y el caminante «chilango» –que se puede extender al caminante latinoamericano– me pareció muy interesante para seguir pensando y analizando estas diferencias –¿en mi futura tesis quizás?–).
Papeles falsos trata sobre la incapacidad para abordar esta ciudad pero a su vez presenta varios intentos de hacerlo: a través de un recorrido en bicicleta o de los arroyos y ríos secados y tapados de cemento en la ciudad que tuvo y fue un lago, y ahora es solo gris.
«Si en el pasado la caminata fue emblema del pensador, y si en algunas ciudades todavía se puede caminar pensando, poca relevancia tiene para el habitante de la Ciudad de México».
Además estas crónicas tratan sobre otras ciudades como Venecia, narrada desde las tumbas de un cementerio.
Aviones sobrevolando un monstruo de Daniel Saldaña París

«La Ciudad de México es esencialmente fea, más allá de los tres o cuatro barrios donde vive la incipiente clase media. Hay que abrazar esa fealdad, encontrar su encanto sin traicionarlo.»
La ciudad monstruosa que se sobrevuela es la Ciudad de México. Esta es mirada aéreamente con una mezcla de amor y odio, así como los aviones son mirados desde la ciudad en encuentros en las azoteas de amigos cerca del Aeropuerto Benito Juárez bajo el influjo de sustancias varias.
La ciudad y la droga, la ciudad y el alcohol, son otras formas de conocer, mapear y vivir la ciudad que el narrador experimenta sí en Ciudad de México pero sobre todo en Montreal, una de las ciudades extranjeras sobre las que escribe. Eso me gustó de este libro; hay muchas formas de mapear y narrar un lugar. Saldaña París nos introduce en distintos espacios urbanos habitados por los marginados, drogadictos, alcohólicos y callejeros, como las salas de las bibliotecas públicas o los centros de alcohólicos anónimos en sótanos de iglesias, espacios relegados en los que él, intermitentemente, se adentra.
También la ciudad, la literatura y la escritura es una relación que atraviesa las distintas crónicas de este libro. Una relación a veces conflictiva pero siempre presente.


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